No obstante, sus orígenes se remontan a una antigua leyenda, se cuenta que Quetzalcóatl robó un árbol del cacao del paraíso de los dioses y lo plantó en Tula luego de eso, le pidió a Tláloc que enviara lluvia a la tierra y así la planta podría crecer, después fue con Xochiquetzal, diosa del amor y la belleza, para que le brindara a la planta unas preciosas flores.
 
Cuando el árbol dio frutos, Quetzalcóatl seleccionó y limpió las vainas; extrajo las semillas para que se fermentaran, dejó que se secaran y procedió a tostarlas. El dios pidió a las mujeres que lo ayudaran a molerlas en un metate; por último, extrajo un licor y les enseñó a preparar una bebida de los dioses: atlaquetzalli.
 
También es mencionada en el Códice Florentino, donde fray Bernardo de Sahagún explica que está era vendida en los mercados. Además, era considerada afrodisíaca, por lo cual se utilizaba en las ceremonias nupciales. Según la página “Divina Cocoa”, la receta ha tenido un cambio. Ahora solo se utiliza cacao, chile, pétalos de flor de magnolia, pimienta y hoja santa, y se consume fría.
 
No obstante, son pocas las personas que aún la preparan, es de suma importancia la preservación de este legado gastronómico, para no perder la exquisita tradición ancestral que el cacao trae consigo.