Cuando fue el origen de este platillo no se conoce, hay muchas leyendas, sin embargo se cree que su historia se remonta a la época precolombina, elaborado por los indígenas chinantecos en la región de Chinantla, Oaxaca, y era preparado exclusivamente por los hombres.

Se acostumbra consumir durante el tiempo de cuaresma y semana santa, para reunir la familia y compartir en cierta parte de la orilla del río, especialmente en la época de calor, y disfrutar del caldo de piedra; los chinantecos conservan este platillo como una ofrenda de gratitud a los seres queridos, pero especialmente hacia sus mujeres y también festejar la unión de los pobladores a través de su gastronomía.

Hay muchas leyendas sobre la sopa de piedra. Cuentan que unos indígenas llegaron a un pueblo y lo único que tenían era una olla vacía. Los aldeanos se negaron en compartir la comida con los hambrientos viajeros.

Entonces los indígenas llenaron la olla con agua, buscaron una piedra grande en el rio y la tiraron en la olla llena de agua hirviendo. Uno de los aldeanos se acercó y les preguntó qué estaban haciendo, a lo que los indígenas le contestaron que estaban preparando una sopa de piedra.

El aldeano le ofreció un poco de condimento a cambio de un plato de esa sopa. Los demás aldeanos, llevados por la curiosidad, colaboraron con más ingredientes. Y finalmente se reunieron todos y disfrutaron de una deliciosa sopa.

Gracias a la astucia de los indígenas y a su sopa de piedra se logró unir al pueblo, y la preparación se convirtió en un ritual hasta hoy día.