El chocolate es originario de México y era una bebida muy conocida desde la época prehispánica. Según la leyenda, Quetzalcóatl robó el árbol de cacao, que crecía en el paraíso de los dioses quienes de su fruto obtenían una bebida que solo era digna de ellos. Quetzalcoátl por su acción despertó la ira de los dioses.

Pero Quetzalcóatl quería mucho a su pueblo y plantó el arbolito en Tula, le pidió a Tláloc que enviara la lluvia a la tierra para que la planta pudiera crecer y a Xochiquétzal que le diera las flores más bellas. Al pasar el tiempo, el arbolito creció y dio sus frutos.

Su pueblo aprendió a colectar el fruto, a tostar, a molerlo en el metate y a mezclarlo con agua para preparar la bebida, todo bajo la supervisión de Quetzalcoatl.

Pero los dioses enojados se vengaron; uno de ellos bajó a la tierra y le ofreció a Quetzcalcóatl una bebida que lo emborrachó y lo hizo deshonrar a su pueblo. Pero antes de marcharse Quetzcalcóatl triste al ver que todas las plantas se habían secado, arrojó algunas semillas de cacao que le quedaban y nacieron las plantas que hoy en día tenemos en nuestros campos.

El cacao, considerado alimento de los dioses, era usado como símbolo de riqueza entre los antiguos pobladores de Mesoamérica. El cacao era mezclado con semillas de zapote y maíz y le daban forma de bolitas para entregarlas a los guerreros, mezcladas con agua caliente. También, se destinaba a rituales religiosos. Además, el cacao era la moneda utilizada en la antigua Tenochtitlan para los negocios, con la que se comercializaba, por lo que se dice que Moctezuma llegó a acumular una fortuna de 100 millones de almendras de cacao.